PATRIOTAS Y PATRIAS

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Un poquito de historia.

Es curioso, aunque no muy sorprendente, que el discurso patriótico tenga unos tics tan recurrentes, frente al “¡España! que gritó Millán-Astray como respuesta al “venceréis pero no convenceréis” de Unamuno, recuerdo el grito de los golpistas de febrero de 1981 “…qué es por España, ¡coño!”, añadiendo un toque machista al profundo aserto filosófico.

Y es qué, me temo, que uno de los mayores problemas de ésta nuestra patria en el siglo XX y por desgracia aún encima de la mesa sin resolver en el siglo XXI, no es que no nos quisiéramos enterar de que habíamos perdido la guerra, es que los generales no supieron vencer, y tras su supuesto fin, la guerra no terminó, no ha terminado en muchos aspectos todavía.

Los defensores del régimen franquista, legión entre la derecha española, no nos explican por qué, si tan buena era esa situación política y económica, no lucharon por mantenerla, pero es que muchos de ellos, por desgracia, consideran la democracia como un “mal menor”.

Sobre la evolución del concepto de “la patria”, a lo largo de los siglos, cabe echar un vistazo sobre quiénes tuvieron que luchar por ella a lo largo de las épocas de la Historia, a grandes rasgos ya que no se puede desarrollar este concepto, como merecería, en un artículo como este.

Digamos que los griegos luchaban para defender su patrimonio en la Polis, es decir, la falange hoplita se componía de terratenientes que se podían pagar la armadura que portaban.

Los romanos crearon un ejército semipermanente. Las legiones imperiales están compuestas por soldados profesionales. Esta ventaja hizo que se mantuviera el Imperio, se expandiera a costa de sus vecinos menos organizados militarmente, y creó la “Pax Romana”.

En el medievo, el agricultor era poco menos que un siervo de la gleba. Las batallas no solían tener muchas tropas implicadas, por lo que el campesino obedecía y se refugiaba por el bien económico del noble-patrón para seguir siendo la mano de obra que la economía feudal necesitaba.

Los ejércitos modernos comenzaron a movilizar mucha más gente, solían ser, no obstante, profesionales.

Tras la Revolución Francesa, el ejército permanente y obligatorio se expandió, el soldado era un ciudadano y si la patria te daba esa condición, con los derechos que conllevaba aparejados, tú tenías la obligación de defenderla.

Llegó la Primera Guerra Mundial, una guerra industrial tanto en su forma como en su fondo; la Segunda, tras la Revolución Rusa, la crisis del 29 y la aparición de los fascismos, nos llevó hasta la Guerra Fría.

Keynes y el “estado del bienestar” hacen su aparición.

Un acuerdo tácito del Capital con las izquierdas moderadas europeas, quiere mostrar al ciudadano las ventajas que el “mundo libre” tiene para el trabajador medio frente a la escasez y la falta de libertades del bloque soviético.

Se crea la clase media.

Pero cae el muro y pronto llegan las crisis económicas.

El neoliberalismo, ganador del pulso a los comunistas, quiere cobrar dividendos, el “estado del bienestar” ya no es el escaparate propagandístico que necesitaban.

Acabar con él es el nuevo objetivo, es la forma de cobrarse el botín por haber ganado esa larga guerra.

Así pues, una vez más, hay que agitar el deslucido espantajo de la patria.

Pero el ciudadano ya no está dispuesto ni a morir ni a sacrificarse por un concepto tan sonoro como vacío.

Si la patria es el mundo, es el lugar donde hemos nacido los humanos, no tenemos que luchar, como antaño, unos contra otros, unas patrias contra otras.

Los patriotas siempre creen que su patria es la ofendida, la que tiene razón y muchos lo creen de verdad, pero dejémonos ya de banderas; muchos de ellos, de los propios autodenominados patriotas dicen que lo que le importa la gente es el vivir cotidiano, tienen razón.

Hay recursos para todos.

Que los patriotas no nos cieguen para que sigan quedándose la riqueza los mismos de siempre.

Basta ya de banderitas y falta de criterio.

Todos cuidando de todos, esa es la verdadera patria que nos hermana.

Ese es el ideal, es un arma defensiva, nunca más ofensiva.

                                                  Enrique Gómez Arnas

                                                    Presidente ARMHA                  

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