Eusebio Serrano descansa en paz 90 años después.

m.s.Noticias

Zaragoza, 10 de mayo de 2026 — Tras nueve décadas de silencio y búsqueda, la justicia y la memoria han logrado imponerse al olvido. El pasado domingo, los restos de Eusebio Serrano fueron finalmente reinhumados en el Cementerio de Torrero, abandonando para siempre la fosa anónima donde fue arrojado tras su asesinato en 1936.


Una vida truncada por la lealtad

Eusebio Serrano tenía solo 27 años cuando fue asesinado el 21 de septiembre de 1936. Carabinero de profesión, su destino se selló al negarse a unirse a las fuerzas sublevadas en Zaragoza, intentando en su lugar cruzar a la zona republicana para mantenerse fiel a sus principios.

La tragedia se consumó en los montes de Paniza, donde fue conducido a la muerte por una persona que decía ser su amigo. Allí le quitaron la vida junto a su compañero Lamberto Carrato, de tan solo 20 años.

El peso del exilio y la lucha familiar

El impacto de su muerte desgarró a su familia, dejando a una viuda joven, a un hijo de un año y a una hija por nacer que fallecería poco después. Su hermana, Quiteria, y su esposa, Antonia, sufrieron años de cárcel y persecución por su compromiso con los reprimidos, viéndose obligadas finalmente a emprender la huida por los Pirineos hacia el exilio.

Quiteria terminó rehaciendo su vida en Chile, pero el dolor por su hermano siempre la acompañó. Como relató su hija en un emotivo escrito durante la ceremonia:

«No puedes imaginar, Eusebio, las tremendas consecuencias que tu muerte trajo a la familia».

Te fusilaron el día 21 de septiembre de 1936, tenías 27 años. No te tocaba morir tan joven, ni a tí ni a tu compañero Lamberto, que sólo tenía 20 años.
Eras carabinero y te llamaban para incorporarte a las fuerzas sublevadas. No querías hacerlo y marchaste de Zaragoza para cruzar a la zona republicana. Fué suficiente motivo.
Te acercaste a tu pueblo y las circunstancias hicieron lo siguiente. Uno que te conocía y se decía tu amigo, decidió enviarte a la muerte. En los montes de Paniza, allí os dejaron, a tu compañero Lamberto y a tí.
Las veces que pasamos por allí, vi a mi madre siempre llorar por su “pobre hermano”.
No puedes imaginar Eusebio, las tremendas consecuencias que tu muerte trajo a la familia, a la tuya, una viuda joven, un niño de 1 año, Luis, hoy aquí presente y una nena en camino, que poco después de nacer moriría de sarampión.
Tu muerte terrible e injusta sería el detonante de acciones posteriores que llevarían a tu esposa y a tu hermana Quiteria, mi madre, a comprometerse con la causa de los reprimidos: años de cárcel y sufrimiento. Más tarde, la huída por los Pirineos y el exilio.
Tu hijo pequeño quedó abocado a una infancia de padecimientos y carencias.
Pero Eusebio, más allá de todas las injusticias y sufrimientos, hoy 90 años después de tu asesinato, podemos decirte, que tu hijo, a pesar de muchos padecimientos, salió adelante y construyó una buena familia y hoy están aquí para acompañarte y darte una digna sepultura.
Que tu hermana Quiteria, pasó mucho dolor, pero fue una admirable luchadora y ayudó a mucha gente a salvar sus vidas y más tarde, huída de España, conoció a un buen hombre, otro luchador infatigable, con el cual construyó una vida, muy lejos de aquí, en Chile. Hoy está aquí su
hija, yo, y su familia, para despedirte. Creo que mi madre estaría tranquila de verte finalmente descansar en paz, junto a tus padres, que nunca supieron de tu muerte violenta. Mejor.
Así, tu nombre, como el de otros muchos de los caídos en la barbarie de esa guerra atroz, no quedará en el olvido.
Agradecemos a quienes nos acompañaron en este esfuerzo por encontrarte: a Agustín y Raúl, la
Asociación CHAMA y Arico, Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Aragón,
los arqueólogos Javier y Cristina y su gran equipo de colaboradores, los voluntarios y algunas personas de Paniza que vinieron a acompañarnos en la larga espera durante las excavaciones y a todos los que hoy nos acompañan.
Descansa en paz Eusebio Serrano. Por fin ya estás con todos nosotros.
No te olvidaremos.
Luisa Miralles

Un adiós digno en Torrero

Luis, que hoy cuenta con 90 años, pudo finalmente cumplir el deseo de toda una vida: dar a su padre una sepultura digna.

Los restos de Eusebio descansan ya junto a sus padres en una ceremonia privada, tal como deseaba su familia, cumpliendo el anhelo que ellos no pudieron ver realizado: conocer, por fin, el lugar de su reposo

Eusebio ya no ocupa una fosa anónima.

Con este acto, su nombre deja de ser una cifra de la barbarie para convertirse en un símbolo de memoria y dignidad, Eusebio descansa cerca de su compañero de fosa, Lamberto en el cementerio zaragozano, recuperando la identidad y el lugar en la historia que la violencia intentó borrar.

Logotipo de Mercedes Sánchez Redondo. A la izquierda, un isotipo circular formado por las iniciales "MSR" con un degradado en tonos violeta y púrpura. A la derecha, el nombre completo "Mercedes Sánchez Redondo" escrito en una tipografía de estilo manuscrito en color gris oscuro.
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