EL BARCO, LA REPÚBLICA Y LAS TEMPESTADES

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Un ejemplo muy claro, para que lo entiendan los niños (es de suponer que los políticos lo podrán comprender también): la sociedad democrática, (el apelativo es convencional y sujeto a discusiones, obviamente), se conduce como un barco sobre el mar, cuando esté está en calma se producirán las discusiones y debates normales sobre la dirección que lleva, la mejor o peor estiva de la carga, si las jarcias estaban mejor así, o si las escotas son viejas y hay que cambiarlas. Pero cuando el mar se mueve y la navegación se pone peligrosa, todos (críticos incluidos) habrán de arrimar el hombro y como un solo hombre (y mujer) sin distinción de color político alguno, subirán a los mástiles a recoger velamen y empuñarán con fuerza el timón.

Es sencillo, les va la vida en ello a todos los que van en el barco.

Ya discutirán después, cuando el mar se vuelve a calmar, si hay  que cambiar de capitán por no haber capeado el temporal de la forma más adecuada.

Es una situación que se está dando.

La lógica nos dice que ya que no existe un gobierno mundial con poder ejecutivo cuando la amenaza es global (si lo hubiera ya se habría acabado con el hambre y la enfermedad de la Humanidad), la oposición de esa sociedad democrática, el barco del ejemplo, no tendría que dedicarse ya no a no a ayudar, sino a no abrir más vías de agua, que es su comportamiento actual, francamente suicida.

Ya se ha dicho, y esto es un ejemplo que podría gustar a los “patrioteros”, esto es una amenaza global como una guerra, y en la guerra la disidencia se considera traición y sabotaje, y ya sabemos lo que los “auténticos patriotas” considera que se debe hacer con los traidores, no es que lo diga yo. Pero no nos pongamos tan trágicos, que bastante tenemos con “el bicho” y sus consecuencias.

En estos días de exaltación republicana, y al que escribe estas líneas cualquier república se le quedaría escasa, y que tiene amigos de todos los colores en ésta sociedad amenazada que nos está tocando vivir, hago una apelación al sentido común, rememos en la misma dirección, ya discutiremos, con el mar en calma, las responsabilidades y sobre todo como nos preparamos mejor para el siguiente zarpazo de la naturaleza.

Es ley de vida, si quieres paz prepárate para mantenerla.

Es mucho más difícil que prepararse para la guerra pero infinitamente más necesario.

Enrique Gómez Arnas

Presidente ARMHA

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