La iglesia del convento de Capuchinos de Teruel será demolida en los próximos meses, de acuerdo al decreto del Ayuntamiento que lo declara en estado de ruina inminente. El edificio, originario del siglo XVII, se utilizó con el resto del monasterio como cárcel en la posguerra para alojar a los soldados republicanos represaliados que participaban en las obras de reconstrucción de la ciudad.
Este convento se convirtió tras la Guerra Civil en prisión y tuvo esta función hasta 1951 cuando los presos fueron trasladados a la nueva prisión provincial, muy próxima a este emplazamiento. La Dirección General de Regiones Devastadas fue la encargada de habilitar el convento de los Capuchinos para cárcel en 1940, y albergó a los presos que llegados de otras provincias iban a contribuir a la reconstrucción de la ciudad como mano de obra, redimiendo de esta manera su pena por el trabajo.
Por Decreto de 28 de diciembre de 1945 se aprueba el proyecto de construcción de la nueva prisión provincial y granja agrícola penitenciaria. El traslado de presos de Capuchinos a la nueva cárcel se realiza en 1951 a pesar de que las obras son entregadas definitivamente dos años después.
En 2024, Espacio Municipalista – EMT ha remitió una solicitud a la Dirección General de Atención a las Víctimas y Promoción de Memoria Democrática con la intención de que se “inicie los trámites para declarar el antiguo convento de Capuchinos de Teruel como Lugar de Memoria Democrática”.
Recordando que Teruel “quedó destruida tras la guerra y que en la reconstrucción y desescombro de las ruinas causadas se empleó a integrantes del bando derrotado agrupados en Batallones de Trabajadores, que fueron hacinados en el convento, reconvertido en prisión”, tras ellos “se esconde el coste humano de la reconstrucción de infraestructuras en las que durante su ejecución muchos prisioneros murieron de hambre, frio o agotamiento, cuando no de palizas y torturas” y denuncian que “se movilizó a miles de presos políticos como mano de obra esclava”.
La petición no fue atendida y ahora dado el deterioro del edificio, la alcaldesa de Teruel a indicado que su derribo se enmarca en la «evolución de la ciudad».
La piqueta seguirá borrando los vestigios de una España represiva y cruel.




