Cerrar heridas

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Estos días he asistido, de forma totalmente imprevista, a través de una propuesta cultural, a un experimento que corrobora enérgicamente la teoría del “franquismo sociológico” que subyace en nuestra sociedad, contaminandola hasta sus cimientos.
Imagínense ustedes qué, tras la muerte de una enfermera que trabajó en un campo de refugiados, deja el legado de cientos de dibujos, pinturas y otros testimonios, que esos protagonistas de la Historia le entregaron para su custodia.
A cualquiera con un mínimo de inquietud cultural, nos habría parecido un hallazgo de dimensión imponente. El testimonio directo, no ya mediante fotografías, sino más sentimental aún, mediante la sensibilidad artística de quienes sufrieron esos momentos de zozobra.
La respuesta, que nosotros pensábamos que iba a ser disputada y que había de otorgarse el privilegio de tan magna muestra a quien fuera a exponerla mejor, fue de indiferencia o de menosprecio, en el mejor de los casos .
Argumentos de “esa no es nuestra línea” o “solo ponemos artistas en nuestras paredes”, intentan ocultar el hecho de que aunque estas personas también fueran artistas viviendo unos terribles momentos que nunca buscaron, están, desde la visión “post franquista” de nuestra sociedad, contaminados por “la política”.
La semana pasada asistimos, una vez más, a la expresión por parte de un alto representante de la Iglesia Católica, del argumento de “no abrir heridas”, esta vez usado para que se tenga en cuenta el delicado movimiento que hay que realizar para no ofender a “gran parte de la sociedad”de trasladar los restos de Franco.
La Iglesia Católica ya está tardando en pedir perdón por ejercer un terrible control social en el mundo agrícola español de principios del siglo XX (es decir la mayoría de la sociedad) en perfecta armonía con los dueños de la tierra; perdón por los miles de asesinados con el informe negativo del cura del pueblo en su expediente; perdón por el alineamiento con el régimen asesino de Franco y la cobertura moral que le dieron con el palio y el “caudillo de España por la gracia de Dios “. Ya está tardando, demasiado, a hacer de ejercicio de pedir perdón a una sociedad que, analfabeta en su mayoría en ese momento histórico, se opuso, en ocasiones ciegamente y con métodos reprobables, a ese enemigo con sotana, fácilmente reconocible que ayudaba decisivamente, desde siglos atrás, a sus explotadores.
Si la Iglesia es perdón y es comprensión, debe expresar ese “mea culpa” que España espera de quienes desde esa posición moral tan incierta, se arrogan, una vez más, el derecho a expresar si están o no las “heridas abiertas”…preguntenselo a los que aún las tienen. ¿Cómo unimos este argumento con la negativa a la exposición de restos culturales de un campo de prisioneros? Porque vienen a nacer en el mismo lugar, en ese ” Franquismo sociológico” que sigue estando tan presente en una democracia qué surgió del “trágala” y el ” Atado y bien atado” que impuso el régimen dictatorial y que no es un verdadero consenso popular en ningún caso .
Mucho trabajo, por desgracia, nos queda por hacer a los memorialistas.

Enrique Gómez

Presidente de ARMHA

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