Agustín Remiro «Mangón»: una vida de lucha contra el fascismo

m.s.Noticias

El 28 de agosto de 1904 nacía en Épila Agustín Remiro Manero, conocido como «Mangón». Su vida atravesó algunos de los acontecimientos que marcaron la historia de España y de Europa durante la primera mitad del siglo XX: el movimiento obrero, la Guerra Civil, el exilio republicano, la resistencia contra el fascismo y la represión franquista.

Hijo de Santo Remiro Medina y María Manero Ibáñez, su familia era de origen campesino pobre. Tuvieron 12 hijos, de los cuales sólo 5 sobrevivieron. Después de asistir brevemente a la escuela, a la edad de 10 años, comenzó a trabajar como trabajador rural y aprendió a leer por sí solo.

Impactado por el asesinato de Francisco Ferrer Guardia y los sucesos de la Sémana Trágica se afilio en la Sociedad de Obreros Azucareros y en la Sociedad de Obreros del Campo y de Oficios Varios de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) 1919 .

En 1925 ingresó en el Ejército y sirvió dos años en África, donde se mostró rebelde y por ello fue enviado a un batallón disciplinario que combatió en los más duros momentos de la guerra contra Abd el-Krim. De vuelta en Épila, creó un grupo anarquista y desarrolló una extensa labor orgánica clandestina. Derribado Primo de Rivera, fue uno de los militantes más destacados de la CNT y alcanzó popularidad en la cuenca del Jalón

El 22 de octubre de 1933, se casó con Francisca Rodríguez; el suyo fue el primer matrimonio civil en la historia del pueblo.

De Épila a la Guerra Civil

Agustín Remiro se incorporó durante la Guerra Civil a la Columna Durruti y posteriormente a la Columna Ortiz.

Durante ese periodo estuvo en los grupos guerrilleros «Los hijos de la noche» y «Los Iguales», realizando operaciones tras las líneas franquistas. Cruzó en diferentes ocasiones la línea del frente para llevar a cabo acciones de sabotaje contra las fuerzas franquistas. y algunas dirigidas a facilitar la salida de personas que habían quedado atrapadas en Zaragoza.

Su trayectoria durante la guerra le convirtió en una de las figuras aragonesas vinculadas a las operaciones guerrilleras desarrolladas en el frente republicano.

Pero la evolución del conflicto acabaría llevándolo, como a cientos de miles de republicanos, al exilio.

Francia y el encuentro con Francisco Ponzán

Tras hacerse evidente la derrota republicana, Agustín Remiro pasó a Francia y fue internado en los campos de concentración de Argelès-sur-Mer y Mazères.

En junio de 1939 se entrevistó con Francisco Ponzán, quien le propuso colaborar en la evacuación desde España de personas que se encontraban en peligro. A partir de aquel momento, Remiro pasó a trabajar estrechamente con el Grupo Ponzán y realizó diferentes entradas en España.

Su trayectoria adquirió entonces una dimensión que iba mucho más allá del exilio republicano español.

El antiguo militante de la CNT y combatiente republicano participaba ahora en actividades clandestinas desarrolladas en un contexto europeo en el que la lucha contra el fascismo había adquirido una dimensión internacional.

Detenido en Portugal y entregado al franquismo

La actividad clandestina de Agustín Remiro terminó con su detención en Portugal. El 23 de enero de 1941, efectuando un servicio de correo para los británicos, después de cruzar la frontera desde Pontevedra, fue detenido por la Policía de Vigilancia y Defensa del Estado (PVDE) salazarista en Portugal y entregado a las autoridades franquistas.

A partir de entonces quedó sometido a la maquinaria represiva de la dictadura.

Juzgado en Consejo de Guerra sumarísimo en Madrid, el 27 de abril de 1942 fue condenado a muerte.

El último intento de fuga

El 21 de junio de 1942, día señalado para su ejecución, Agustín Remiro intentó escapar junto a otros condenados, pero fue descubierto por los guardias y resultó gravemente herido. A pesar de ello consiguió llegar hasta una casa cercana, sin posibilidad de escapar, se arrojó desde una ventana situada en un cuarto piso y murió unos dicen que a consecuencia de la caída y otros que fue rematado por sus perseguidores.

Nueve días después de su “ejecución”, Capitanía General le conmutaba la pena de muerte por la inferior en grado.

Una represión que actuó por todos los frentes

La represión contra Agustín Remiro no se limitó a la persecución policial y judicial.

En diciembre de 1937, al objeto de exigirle responsabilidades civiles por su actuación considerada contraria al denominado «Movimiento Nacional», la dictadura abrió contra él un expediente de responsabilidades económicas que incluía la búsqueda y posible embargo de sus bienes.

Las investigaciones constataron que no tenía patrimonio a su nombre. El procedimiento continuó durante años y, aunque el Tribunal Regional acordó su sobreseimiento por insolvencia en mayo de 1942, pocas semanas antes de su muerte, el expediente no quedó definitivamente archivado hasta octubre de 1945.

El procedimiento, y todos los que se incoaron al amparo del Decreto-Ley de 10 de enero de 1937, muestra cómo la represión no se limitaba a perseguir físicamente a los militantes. La maquinaria represiva franquista actuó también sobre el patrimonio y prolongó sus procedimientos incluso después de la muerte de los represaliados.

La memoria que permaneció en su familia

La intrahistoria de la represión franquista no solo se compone de sumarios militares, fichas policiales y partes de prisiones, sino que posee también un rostro íntimo y familiar que sobrevive gracias al testimonio oral de quienes padecieron la ausencia.

El testimonio de Manuel Remiro Rodríguez, hijo de Agustín Remiro, relata en primera persona el impacto devastador que la dictadura dejó en su núcleo familiar. Con apenas dos años de edad al estallar la guerra, Manuel recuerda que su primera salida de casa siendo un niño fue directamente a la cárcel, arrastrado por una espiral de persecución desatada contra los allegados de su padre. La violencia represiva se cobró además la vida de su tío materno, un joven de 27 años que fue sacado de su domicilio bajo falsas promesas por falangistas, brutalmente asesinado a palos en el juzgado de Épila y arrojado posteriormente a una fosa común en La Almunia de Doña Godina.

A este clima de terror se sumó el escarnio público: tras periodos de encarcelamiento, su madre y su abuela regresaron a Épila, donde fueron recibidas con una «escalada» de hostigamiento organizada por el vecindario bajo el miedo impuesto por el régimen. La crueldad institucional alcanzó uno de sus límites más dolorosos cuando, tras conocerse la trágica muerte de Agustín Remiro en Madrid, su madre acudió al cementerio para visitar su sepultura y las autoridades le prohibieron explícitamente llorar bajo la amenaza de negarle el acceso.

Manuel murio en 2019 pero nos dejo este valioso testimonio que trasciende el plano meramente documental y se convierte en una pieza fundamental para conservar aquellas consecuencias personales que nunca figuraron en los archivos oficiales.

Invitamos a conocer los detalles de este relato humano y la dimensión de la memoria familiar viendo el vídeo completo recogido en nuestro proyecto Memoria de Historias Silenciadas:

Recuperar una vida

La historia de Agustín Remiro Manero permite seguir el recorrido de uno de tantos republicanos españoles cuya vida quedó marcada por la guerra y sus consecuencias.

Militante de la CNT, combatiente durante la Guerra Civil, exiliado en Francia y posteriormente vinculado a las redes clandestinas organizadas alrededor del Grupo Ponzán, su trayectoria terminó en Madrid, después de haber sido detenido y condenado a muerte por la dictadura franquista.

Pero su historia no desapareció.

Los documentos conservados en archivos, la investigación histórica y el testimonio de su hijo permiten hoy reconstruir parte de aquella trayectoria.

Recordar a Agustín Remiro «Mangón» significa recuperar el nombre de un hombre nacido en Épila hace más de un siglo, pero también acercarse a una historia que conecta Aragón con la Guerra Civil, el exilio republicano y la resistencia europea contra el fascismo.

Una historia que debe ocupar el lugar que le corresponde en la memoria colectiva.

Logotipo de Mercedes Sánchez Redondo. A la izquierda, un isotipo circular formado por las iniciales "MSR" con un degradado en tonos violeta y púrpura. A la derecha, el nombre completo "Mercedes Sánchez Redondo" escrito en una tipografía de estilo manuscrito en color gris oscuro.

Facebookredditpinterestlinkedintumblrmail