Una gota en un océano de injusticias

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La escalera de la muerte (Mauthausen)

Pongamos que me llamo Teodoro López y soy militante de Izquierda Republicana en la democracia recientemente estrenada de la España de 1931.

Vivo en un pueblo de Aragón donde mis amistades y relaciones me van empujando a entrar en la actividad política, soy escogido alcalde del pueblo .

No lo podía ni imaginar, por fin podemos hacer frente a los caciques del pueblo que nunca han hecho otra cosa que explotar miserablemente a sus habitantes.

La vida transcurre con sus más y su menos y sus muchas zancadillas pues tienen muchos más resortes de poder que nosotros, los políticos ciudadanos,

En nuestra zona se notaron poco las algaradas más sonadas producidas en las capitales.

Los dueños del país se resisten a las políticas republicanas que buscan un poco más de Justicia para la sociedad.

Es julio de 1936 las noticias son contradictorias se habla de levantamientos militares y pronto comprendo que nuestro pueblo está en una zona limítrofe de combates.

Me advirtieron que las fuerzas militares rebeldes están a la orden de los caciques ávidos de venganza por las políticas democráticas que hemos ido llevando a cabo estos últimos años.

Me voy con mi familia justo a tiempo, pues entran moros en el pueblo casi inmediatamente y efectivamente emprendieron una campaña de terror inimaginable, robos, asesinatos, violaciones, destrucción, todo lo que uno pueda pensar para aplastar a esas personas que desde la democracia se atrevieron a enfrentarse a esos caciques.


Viajamos a Barcelona y ayudamos lo que podemos en la defensa de la República.

Las democracias occidentales no nos ayudan por temor a enfrentarse a las fuerzas fascistas de Europa.

Finalmente, cientos de miles, empujados por la derrota y la subsiguiente represión, pasamos la frontera dejando atrás familia y amistades en nuestro país, quizá para no volver nunca.

En los campos de concentración franceses reina un caos indescriptible y las condiciones de vida son infames.

Pronto el ejército nos conmina a entrar en sus compañías de trabajo si no queremos perder nuestra condición de refugiados.

Más de 42.000 entramos en ellas, a mí me tocó una zona de la Línea Maginot donde construíamos búnkers y hacíamos labores de mantenimiento

El ejército alemán hace acto de presencia, nosotros, sin armas poco podemos hacer para defendernos.

Pasamos de refugiados a prisioneros, pero no de guerra por ser civiles militarizados, el gobierno español no quiere saber nada de nosotros por lo que somos considerados rojos apátridas un punto por encima de las más despreciables criaturas de la tierra para ellos.

Contar aquí lo que sucedió esos 4 años sería muy largo, estábamos medianamente organizados y eso nos ayuda a sobrevivir.

Algunos muchos murieron entonces.

Estarán en el BOE ahora

Tardío reconocimiento de un estado heredero del anterior régimen.

¿ Pero se acuerda alguien de los que vivimos en Francia porque nadie nos quería una nacionalidad?

¿ de los muertos en el exilio?

Mucho camino queda por recorrer pero nosotros ya no podremos verlo.

Enrique Gómez Arnas (Presidente de ARMHA)

El pasado viernes, 9 de agosto, el BOE publicó los nombres de 4.427 apátridas, que murieron en los campos de concentración de Mauthausen y Gusen.

Se dispone de un mes para presentar alegaciones, hasta el 9 de septiembre. en el siguiente enlace:

Presentar alegaciones al listado

La manera de presentación es vía internet con cl@ve o certificado digital, de no disponer de ellos, nos los pueden enviar a: armhamemoria@gmail.com, y nos encargaremos del trámite

No eran apátridas, eran españoles a los que el gobierno franquista les despojo de nacionalidad.

80 años han pasado para que se les vuelva a considerar españoles.

El periódico de Aragón

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