Un día para la infamia

Enrique Gómez ArnasNoticias

Foto: Mercedes Sánchez


El golpe de Estado de 1936, que llevó a la guerra de España, (que no fue precisamente «una pelea entre abuelitos) se cometió contra un régimen democrático, perfectamente legítimo, no fue un tsunami ni un terremoto ni ningún desastre natural, se llevó a cabo, concretamente, por militares que, faltando a su debida obediencia a las autoridades civiles, usaron las armas, que tenían la obligación de usar exclusivamente para defender a su país, contra su propio pueblo.

Las órdenes que recibieron dieron paso a una orgía de sangre: todo sospechoso de apoyar a la República era candidato a ser asesinado. Miles de ciudadanos pacíficos fueron a parar a las cunetas y, durante cuarenta años, la sociedad española, oprimida por la cruel dictadura resultante de la guerra, tuvo que escuchar las tergiversaciones y los infundios más hirientes sobre los que habían sido asesinados por el Nuevo Régimen. Eso sí era adoctrinamiento.
La inmensa mayoría de ellos siguen en las cunetas del olvido. Este olvido encontró la complicidad del nuevo sistema democrático a través de la vergonzosa ley de amnistía que, de hecho, era una ley de «punto final», ni siquiera hoy en día, a pesar de las recomendaciones de los organismos internacionales de derechos humanos y del asentamiento de la democracia, se quiere, siquiera, modificar.
Así, la democracia de nuevo cuño, no trajo verdad, justicia y reparación para quienes, durante años, la habían anhelado y habían luchado por ella.
Los «rojos» y sus familiares seguían condenados al olvido.
Con mucho esfuerzo, las entidades memorialistas, fueron arrancando concesiones a los gobiernos de izquierdas que, en ocasiones, llegaban al poder. Mientras, las verdaderas políticas de memoria, que necesitaba este país, tras decenios de vergonzosa tergiversación de la historia y de tanto silencio, seguían ausentes, siendo suplidas por remedos en forma de leyes como la de 2007 y la actual, aún, aragonesa de 2018.
Con mucho esfuerzo se conseguía, tardía y mínimamente, desenterrar a algunos de aquellos inocentes, víctimas de una represión, ferozmente aplicada, sobre lo mejor de la sociedad española durante los años de impunidad.
Hoy, gente que nunca ha renegado de ese régimen asesino, vuelve a intentar enterrar a aquellos que tanto tiempo ha costado volver a sacar a la luz, por su dignidad y la de toda la sociedad.
Hoy es un día para la infamia gracias a los cómplices de aquellos despiadados asesinos.
Que triste es tener que comenzar una legislatura derogando leyes, destruyendo derechos mínimos, conseguidos con tanto esfuerzo.
Legislación negativa, romper lo que otros han hecho.
¿Tanto les molesta una ley que otorga derechos a las víctimas del franquismo? ¿donde coloca esa actitud a toda la derecha española?
No hay nada de demócrata en quien usa su mayoría parlamentaria para imponer su ideología, sin respetar a las minorías sociales. Asistimos atónitos a una «guerra cultural» que es antifeminista, anti ecologista, homófoba, xenófoba, que censura a la cultura reconociendo sin ambages que irán contra todo aquello que a ellos no les gusta, también, por tanto, quieren acabar con el movimiento memorialista.
Todo lo que huela a «progre» es cuestionable y perseguible. Quiero recordarles que este término apareció en España para reconocer a todo un movimiento que estaba en contra del franquismo, que quería apertura en la sociedad, la emancipación de las mujeres en esa oscuridad patriarcal de la sección femenina; denunciar la contaminación del medio ambiente a manos de entidades que incumplian todo protocolo mínimo sanitario; acabar con la discriminación y las leyes antigays que seguían vigentes durante esos cuarenta años y más; romper con la censura que asfixiaba la cultura no oficial; nosotros, que éramos entonces un pueblo de migrantes, queríamos también conocer que había sido de nuestros exiliados, de tantos y tantos ciudadanos desaparecidos, como se iban a recuperar a los asesinados en las cunetas para devolverlos a sus familias, también como se iba a «reciclar» en la democracia a todos aquellos estamentos que torturaron, encarcelaron y reprimieron a toda la sociedad que sólo aspiraba la democracia, hoy sabemos que ha sido de todas aquellas aspiraciones, y está claro que puede haber, y está habiendo, de hecho, una clara marcha atrás en nuestros días.
Pues bien, legislando a la contra, destruyendo derechos, diciendo que esas cosas no son urgentes ni importantes, cuando no directamente “dañinas” (mientras se pelean para ver quién pone la bicolor más grande en su población, eso sí que es, al parecer, urgente e importante), es entrar en una deriva que está siendo asumida entusiásticamente por toda la derecha española. Eso tiene un techo, y no se han dado cuenta todavía.
Hoy es un día triste. Sin asumir el pasado no se puede afrontar el futuro con garantías ni verdadera convivencia.
Nosotros lo tenemos claro, ya hemos «atravesado el desierto» en demasiadas ocasiones; pero no se equivoquen, seguiremos en la brecha hasta conseguir la verdad, la justicia y la reparación, para que esta sociedad reconozca la dignidad de quienes lucharon para que la dictadura no se vuelva a repetir nunca más; por ellos, por los asesinados, por los torturados y encarcelados, por los desaparecidos, por los obligados a abandonar su tierra, nunca nos echaremos atrás; por la democracia: seguiremos exigiendo derechos ante quienes, antes y ahora, han intentado siempre arrebatárnoslos.
Como dijo el poeta: «recuérdalo tú y recuérdalo a otros» (Luis Cernuda).
En esas estamos.
También en este día de vergüenza e iniquidad.

Enrique Gómez Arnas

Presidente ARMHA

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