Las alamedas siguen abiertas.

m.s.Noticias

11 de septiembre

​Cada once de septiembre, el calendario detiene su curso habitual para obligar a la memoria colectiva a mirar hacia el sur del mundo. Un día como hoy, en 1973, en el Palacio de La Moneda en Santiago de Chile se perpetro un asalto a la soberanía popular que truncó de raíz el proyecto de la Unidad Popular. Aquella jornada marcó la caída del presidente constitucional Salvador Allende, e inauguró una era oscura de represión, un recordatorio de cómo las instituciones pueden ser devoradas por la bota militar y el fanatismo autoritario.

​El golpe de Estado liderado por la Junta Militar, encabezada por Augusto Pinochet y secundada por las Fuerzas Armadas, dio paso a diecisiete años de dictadura caracterizados por la supresión de libertades civiles, la clausura del Congreso Nacional, la persecución implacable de opositores y una maquinaria de violaciones a los derechos humanos que dejó miles de ejecutados políticos, detenidos desaparecidos y exiliados. El Estadio Nacional, convertido de recinto deportivo en campo de concentración, sigue siendo hoy el símbolo tangible de la infamia estatal.

​Condenar este tipo de regímenes no admite matices ni lecturas partidistas; la defensa de los derechos fundamentales y de la democracia es un imperativo ético universal que interpela a cualquier sociedad civilizada. Ya sea en los cuarteles chilenos de los años setenta, o en aquellos oscuros regímenes europeos del siglo XX , como el que durante cuarenta años asoló España bajo el yugo del franquismo, sustentado en la censura, el exilio interior y la impunidad de los vencedores, la imposición del terror y la autocracia constituye un crimen imprescriptible contra la dignidad humana.

​Esa sombra totalitaria, por desgracia, no pertenece al pasado. En el escenario político actual asistimos a un preocupante auge de discursos de extrema derecha y corrientes neofascistas que, aprovechándose de la desafección ciudadana y las crisis económicas, blanquean los viejos totalitarismos, banalizan la represión y erosionan la democracia desde dentro de las propias instituciones.

​Hoy, cuando las nuevas generaciones recorren las calles, aquellas palabras postreras de Allende , “De nuevo abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre”, resuenan con la urgencia de un mandato vigente.

La memoria histórica no es un ejercicio de nostalgia, sino el único cortafuegos eficaz contra la intolerancia y el fascismo que hoy vuelve a tocar a nuestras puertas, un recordatorio constante de que la libertad se conquista cada día y que ninguna democracia está eternamente a salvo de sus propios fantasmas.

Logotipo de Mercedes Sánchez Redondo. A la izquierda, un isotipo circular formado por las iniciales "MSR" con un degradado en tonos violeta y púrpura. A la derecha, el nombre completo "Mercedes Sánchez Redondo" escrito en una tipografía de estilo manuscrito en color gris oscuro.

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