¿Por quien doblan las campanas?

m.s.Noticias

Montaje fotografico @resamer

El 25 de septiembre de 2009 fue un día histórico para la ciudad de Zaragoza. Se aprobó, por unanimidad, en el pleno del Ayuntamiento una resolución que crearía el memorial por las víctimas del franquismo en el cementerio de Torrero.

La Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica de Aragón, a través del grupo municipal de Chunta Aragonesista, presentó la propuesta y, justo es decirlo, a pesar de algunas reticencias, fue aprobada por unanimidad: el PP de Domingo Buesa, recientemente fallecido, no era el de hoy en día.

Es muy importante destacar que, ya en 1980, en plena transición (un año antes del último intento de golpe de Estado hasta la fecha), el consistorio de Ramón Sainz de Baranda trasladó los restos de los ciudadanos y ciudadanas que permanecían en unas indignas fosas comunes a ese primitivo memorial que persiste hoy, con la enorme trascendencia de saber que los restos físicos de esas personas asesinadas están allí en su gran mayoría.

Pero esto, para la conciencia de la ciudad y con el auge que fue tomando el movimiento por la memoria histórica, distaba de ser suficiente.

A los memorialistas nos importa cada persona. Los historiadores tienen tendencia, dada la enorme cantidad de datos a tratar para cada momento descrito en sus estudios, a generalizar, citando datos y cifras que, sin duda, tienen un interés fundamental. Sin embargo, el memorialismo quiere recordar a cada persona represaliada, con nombre y apellidos; no nos sirve ninguna otra posibilidad.

A cada asesinado, al que se le truncó la vida solo por sus ideas.

A cada encarcelado, que perdió la libertad por buscar un mundo mejor para todos.

A cada rapada, a toda mujer que quedó injustamente sola en la vida tras ver asesinar a sus seres queridos.

A cada exiliado, que vio cómo para salvar su vida tenía que tomar el incierto camino del extranjero (y ahora los nietos de los que los echaron les quieren quitar, a los nietos de los exiliados, su derecho al voto, reeditando la versión moderna de las palabras de Serrano Suñer).

A los miles y miles de perseguidos por la dictadura de infinitas maneras distintas.

A todas esas personas no solo se les agredió y asesinó; además fueron condenadas al olvido y a la ignominia sobre su recuerdo.

Pues bien, a la enorme labor de recuperar la memoria de todas esas personas, viendo la inacción del Estado producto del régimen del 78, nos hemos dedicado las asociaciones de memoria histórica.

Como decía al principio, un verdadero hito en la historia de nuestra ciudad fue poner nombres y apellidos a esos miles de conciudadanos asesinados de Zaragoza. Aprovechar el ingente trabajo del equipo del profesor Julián Casanova para construir un monumento a la memoria de tantas personas injustamente asesinadas, todas reconocibles individualmente, fue como crear una verdadera «conciencia» de la ciudad, con una doble utilidad: social y personal, y por tanto, familiar.

La deriva de los dirigentes del Ayuntamiento ha sido cada vez más evidente en su escora hacia los planteamientos negacionistas de la extrema derecha. Es lógico que un monumento de titularidad municipal esté cuidado por el consistorio con el respeto que su significación merece.

Durante el periodo de Azcón debemos reconocer que la petición de colaboración del memorialismo para realizar homenajes anuales en el monumento fue atendida; era lógico, pues recordemos que hasta su partido había votado a favor de la construcción de este memorial.

Pero la tendencia que estaba tomando el Partido Popular se vio reflected en la nueva actitud de la administración Chueca, haciendo suyas las ideas de la extrema derecha, negando, incluso, las sillas para las personas mayores (casi todas con familiares citados en el memorial) que acudían al homenaje anual. Estas circunstancias adversas, propiciadas por las actuales autoridades municipales, han sido solventadas con la solidaridad de la ciudadanía.

Estos días el Ayuntamiento hace un despliegue enorme de medios para propiciar los movimientos de la ciudadanía que va a visitar las tumbas de sus seres queridos. Se echa en falta esa misma vehemencia en el trato al memorial, de titularidad municipal insistimos, que siempre está en el abandono más absoluto.

También la tapia de los fusilamientos ha sido desprovista del maravilloso rosal que embellecía tan siniestro lugar, con la excusa de la «protección» del mismo. Arrancar las flores ha sido su pequeña venganza ruin y, para rematar, una valla para impedir a los familiares acercarse a esa pared ante la que murieron sus seres queridos.

Solo decir algo más al respecto: queremos recordar, homenajear; no necesitamos tanta «protección», la que no existe en el memorial abandonado a su suerte, como decía más arriba.

¿Por quién doblan las campanas, pues? No por los y las ciudadanas asesinados en la ciudad de Zaragoza, al menos no por lo que respecta a este Ayuntamiento, que cuando las tañe con ímpetu en fechas como estas, vuelve a olvidarse, convenientemente, de miles de personas de las que no quiere recordar nada, quizás para no traer a la mente de los votantes actuales quiénes cometieron tan alevosos y atroces crímenes en Zaragoza.

Nosotros, no les quepa duda, seguiremos tocándolas, para que se recuerde que en este país se asesinó en masa a las personas que buscaban un futuro mejor para todos. No lo olvidamos; hacerlo sería abocarnos quizás a poder repetirlo, y hoy estamos más cerca que nunca de este horror por la desidia de unos y la tendencia extremista, hacia el odio, de otros.

La Memoria Histórica es Memoria Democrática; quienes no lo vean así harían bien en revisar sus presupuestos ideológicos. Esperemos que, por el bien de todos, consigan hacerlo algún día.

Ese día las campanas doblarán, por fin, por todos los muertos, también por los asesinados de Zaragoza.

Enrique Gómez Arnas

Presidente ARMHA

Facebookredditpinterestlinkedintumblrmail