1 de octubre de 1931

m.s.Noticias

Reunión de la minoría parlamentaria del Partido Radical Republicano en el Congreso de los Diputados, presidida por Alejandro Lerroux y con la presencia de la política y sufragista Clara Campoamor

Sucedió en 1931, cuando con 161 votos a favor, 121 en contra y 188 abstenciones se aprobó la redacción del artículo 36 de la Constitución de la Segunda República donde se podía leer: “Los ciudadanos de uno y otro sexo, mayores de veintitrés años, tendrán los mismos derechos electorales conforme determinen las leyes”.

Un 1 de octubre de 1931, el hemiciclo de las Cortes Constituyentes no olía a fiesta ni a consenso; olía a humo de tabaco, a tensión mal disimulada y a un paternalismo rancio que cruzaba la cámara de izquierda a derecha. Aquella tarde, una mujer menuda, de mirada fija y voz contundente, subió a la tribuna sabiendo que defendía a la mitad del alma de un país.

Clara Campoamor no lo tuvo fácil. Tenía enfrente hasta a sus propios compañeros de filas e incluso a mujeres como Victoria Kent, que argumentaban, sin sonrojarse, que la mujer española era inmadura, influenciable por el confesor o carente de criterio político. Pretendían conceder el voto a los dieciocho años a los hombres, pero postergar el de las mujeres hasta los cuarenta, o relegarlo a una eterna promesa supeditada a tiempos «más maduros».

Cuando tomó la palabra, el murmullo de varios cientos de hombres intentó sepultarla. No lo consiguieron.

«Señores diputados, no cometáis un error histórico que no tendréis nunca bastante tiempo para llorar al dejar al margen de la República a la mujer».

Clara recordó a la cámara que la República no podía erigirse sobre la exclusión, que las mujeres habían trabajado, sufrido y construido el cambio social al igual que los hombres, y que negarles el sufragio era condenar al nuevo régimen a nacer tuerto de un ojo. Por un estrecho margen, el artículo 36 salió adelante. Las españolas eran, al fin, ciudadanas de pleno derecho.

A pesar del triunfo conseguido la historia sepultó durante décadas el nombre de muchas de aquellas pioneras tras el golpe de Estado y el exilio. Por eso, en la Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica de Aragón (ARMHA) creemos firmemente en la pedagogía como herramienta para rescatar e iluminar todo aquello que el franquismo pretendió silenciar.

En nuestro empeño por poner en valor esa lucha silenciada, ponemos a disposición de institutos, asociaciones, centros culturales y colectivos nuestras exposiciones en régimen de préstamo gratuito, entre ellas Mujeres republicanas. Una excelente oportunidad para acercar a las aulas y a la calle la historia de quienes nos devolvieron la dignidad, complementada además con un pequeño documental de la historia de esas pioneras y cuya parte central es la dramatización del discurso que revive con emoción las palabras exactas con las que Clara Campoamor cambió el destino de España.

Logotipo de Mercedes Sánchez Redondo. A la izquierda, un isotipo circular formado por las iniciales "MSR" con un degradado en tonos violeta y púrpura. A la derecha, el nombre completo "Mercedes Sánchez Redondo" escrito en una tipografía de estilo manuscrito en color gris oscuro.
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